Tekken: Bloodline

Basada en la reconocida franquicia de videojuegos de Katsuhiro Harada, #Tekken, la nueva miniserie de animación de Netflix, sigue la historia de Jin Kazama quien inspirado por la venganza deberá confrontar la verdad de su oscura identidad.

El linaje familiar es el eje principal en las primeras entregas del videojuego, específicamente lo vemos en Tekken 3 lanzado en 1996. Allí el joven luchador debe enfrentarse a Ogre, El Dios de la lucha que es el antagonista principal.

Fuente: Netflix

Adaptada a una era moderna, Jun Kazama muere defendiendo a su hijo Jin del ataque inesperado de Ogre. En la búsqueda de protección y respuestas, el joven acude donde su abuelo Heihachi Mishima, que lo entrenará para convertirlo en el mejor combatiente del Torneo del Rey del Puño de Hierro.

La serie emerge correctamente en una adaptación bastante apegada y fiel a su base, lo cual es una experiencia siempre satisfactoria, sobre todo para aquellos que aún siguen los pasos de los personajes de la saga. El torneo sigue siendo el puente principal que une todas las líneas argumentales y es el lugar en donde Jin podrá acercarse al propósito de su ardua preparación.

Por su lado, el poderoso y malévolo Heihachi Mishima entrenará a Jin para que adopte «El estilo Mishima» que está fuertemente influenciado por Goju-Ryu Karate. Una fuerte crisis de identidad afectará a Jin que deberá aplicar las crueles enseñanzas de su abuelo Heihachi mientras recuerda el autodefensivo estilo Kazama, enseñado por su madre Jun.

Fuente: Noticiast

En este viaje de seis episodios, Jin conocerá a Hwoarang y Ling Xiaoyu, quienes serán aliados importantes, ambos resaltaran lo mejor de la personalidad del luchador que está cada día más cerca de su propio infierno. En su interior, un gen amenaza con despertar y desencadenar una furia que su familia ha estado evitando por generaciones. La identidad de Jin y la verdad sobre su familia serán el pilar principal de esta renovada entrega animada.

En un lado menos favorable, la animación a cargo del Studio Hibari es uno de los elementos más conflictivos que acompañan a la serie. Quizás no hay mucha necesidad de abordarlo, pero las líneas y la iluminación jugaron una muy mala pasada. Se hacían molestos y notorios en aquellos momentos donde la historia se volvía estática y explicativa.

Las luchas están muy bien logradas en un 3D complementario, por lo que los «malos» detalles se podían disimular, sobre todo cuando reconocías, de forma fascinante, que la serie emula a la perfección cada uno de los movimientos de cada luchador. Aunque imperdonable es la forma en que retrataron a Paul, ese rostro jamás se sintió tan mal armado.

Fuente: VidaExtra

Con episodios de 30 minutos, la serie no toma mucho tiempo, por lo que es ideal para consumirla en modo maratón y es recomendable verla con sus voces originales en japonés.

La verdad es que #Tekken ofrece en gloria y majestad lo que siempre ha sido, un fascinante conjunto de personajes diversos con el conflicto dramático entre los diferentes miembros del clan Mishima. Aunque hubiésemos deseado ver desarrollado a otros personajes también emblemáticos, la serie se siente corta, pero correcta, lo que nos hace pensar que debería ser obligatorio tener una secuela.

Tekken: Bloodline
Animación
7
Guion
8
Voces
9
Score | OST
8
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