Heartstopper

Fuente: GQ España

Basada en la novela gráfica del mismo nombre de Alice Oseman, Heartstopper sigue la floreciente historia de amor entre dos escolares británicos, Charlie Spring (Joe Locke) y Nick Nelson (Kit Connor). La historia muestra las dimensiones emocionales de los adolescentes queer y permite sondear la interioridad de sus problemáticas, profundizando en su confusión sin caer en la desesperación.

Es decididamente una historia de romance: que busca ser cálida y ajena a los problemas del resto del mundo. Transcurre en patios de escuelas, dormitorios de adolescentes, centros comerciales y salas de juego.

Fuente: Netflix

Al comienzo de la serie, conocemos a Charlie Spring (Joe Locke), de 14 años, a quien le gustan los videojuegos, tocar la batería y las noches de cine con sus amigos; que resulta ser gay. Asiste a la escuela primaria para varones, Truham, aquí mantiene una relación secreta con Ben Hope (Sebastian Croft), un niño del año anterior. Ben le envía mensajes de texto a Charlie para hostigarlo y luego fingir que no lo conoce cuando se cruza con él en los pasillos de la escuela. El adorable y friki Charlie, interpretado por Locke con la mezcla perfecta de sensibilidad, vulnerabilidad y encanto, rápidamente descubre que merece mucho más. ¿Podría ser el chico de rugby seguro de sí mismo y popular Nick Nelson (Kit Connor) esa persona que busca?

Charlie no está solo, el grupo de mejores amigos lo componen: Tao «el amigo heterosexual» (un carismático William Gao), el ratón de biblioteca Isaac (un Tobie Donovan adorable) y la artista Elle (una cautivadora Yasmin Finney) que se transfirió a la escuela de niñas vecina, Higgs, después de sufrir acoso transfóbico. En la escuela de chicas, Darcy y Tara, las nuevas amigas de Elle, también enfrentan una buena cantidad de luchas, pero, como ocurre todo el tiempo en Heartstopper, se enfocan en los aspectos alegres de su relación.

En la escuela Truham, todos asumen que Nick es heterosexual y que Charlie se ha enamorado de él, algo que solamente terminará en lágrimas.

Fuente: Movieweb

La serie funciona como un buen recordatorio para no hacer suposiciones sobre la sexualidad o la identidad de género de las personas. A medida que avanza la temporada, existe un equilibrio grato entre las perspectivas de Nick y Charlie, y a medida que cambiamos de una a otra, queda claro que Nick está cuestionando su propia sexualidad.

Un elemento que lleva al éxito a la serie es su uso de la nostalgia. Por supuesto que los buenos romances abrazan la nostalgia: hay algo evocador y conmovedor en recordar esos tiempos, en las alegrías y los temores de los primeros enamoramientos, los primeros besos, en descubrir quién eres, al verte percibido por otros. Y, a diferencia de lo que siempre se ha expuesto, es refrescante ver como los padres o adultos en general son representados como personas que proporcionan ese espacio seguro en donde ellos puedan evocar esas emociones.

Heartstopper no solo incluye representatividad en sus episodios, sino que cuenta la desagradable realidad de la intimidación (acoso escolar), incluso cuando el antagonista principal resulta bastante caricaturesco. Pero se puede decir que su principal preocupación no es suavizar el trauma que experimentan las personas marginadas. En cambio, trata de normalizar la diversidad, el amor y el apoyo entre amigos.

Es verdad que maneja un repetitivo sentido utópico, pero el gran secreto de la serie recae en la forma en que construye sensibilidad y sentido de empatía; es fácil imaginar que muchos jóvenes puedan reconocerse a sí mismos a través de esta historia.

Fuente: Staylist

Alice Oseman no solo se desempeña como autora del trabajo original en el que se basa la serie, sino también como creadora y escritora de la adaptación, no es de extrañar entonces que todo se sienta tan genuino. Contó con la dirección de Euros Lyn, conocido por su trabajo en Torchwood, Doctor Who, His Dark Materials, Daredevil y otros.

Heartstopper se presenta a través de una cinematografía brillante, una paleta de colores dulces, una banda sonora de éxitos pop que funcionan muy bien. Está acompañada con pequeños toques de ilustraciones gráficas para, al igual que en su novela, ayudar con pequeños gestos a capturar la emoción de un momento.

Finalmente, la serie se siente un reflejo de la realidad de la Generación Z, en la que cada niño se revela y se descubre a sí mismo con el apoyo de los demás. Captura esa magia casi indefinible de lo que es enamorarse, a cualquier edad, y lo hace sin cinismo, sin equipaje, sin el ojo hastiado de la edad adulta, y creo que siempre es agradable recordar ese sentimiento.

Sus 8 episodios de corta duración ya están disponible en Netflix y  ya se han confirmado dos temporadas más.
Heartstopper
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